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de actualidad

Adios a las armas

Tras 43 años y 829 víctimas mortales, ETA comunicó el pasado día 20 “el cese definitivo de la actividad armada”.  La palabra “fin” figura con mayúsculas en la voz de casi todos los medios y políticos, aunque con matices, para referirse al triunfo del estado de derecho sobre el terrorismo.

“No son vascos, son asesinos” este era, entre otros, el grito de miles de personas en las calles aquel 12 de julio de 1997, después de que ETA asesinara tras cuarenta y ocho angustiosas horas de secuestro a Miguel Ángel Blanco.  Para muchos, aquí comenzó el principio del fin de ETA con la unión de las fuerzas democráticas, pero sobre todo, por las multitudinarias manifestaciones que, a cara descubierta, enfrentaban a la ciudadanía contra el terror de ETA.

14 años después, ETA hace pública la decisión de dejar las armas, ante una sociedad en plena crisis que recibe la noticia con alegría, pero también con cansancio y excepticismo.

¿Cómo hemos llegado aquí? La decadencia de la banda se produjo principalmente gracias a la acción policial y a la ilegalización del brazo político Batasuna.  De la eficacia policial podemos citar entre otros datos los 305 detenidos entre 2008 y 2010, y el continuo “descabezamiento” de la banda, que la colocó en una situación insostenible.

En cuanto a la ilegalización, refrendada primero por el Tribunal Constitucional y más tarde por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, tuvo lugar en 2003, un año después de que un comunicado de ETA considerase “objetivos militares” a todas las sedes y actos políticos de PSOE y PP, haciendo imposible la competencia electoral en pie de igualdad con un partido, Batasuna, cuyos concejales eran los únicos libres de amenaza.

Para que ETA dejara de matar debía ocurrir otro proceso: que su brazo político se distanciara del terrorismo, al comprobar la inutilidad de la vía armada para conseguir sus objetivos.

El detonante tendría lugar en 2006, con el atentado en la T4 de Barajas. Con él, ETA ponía fin a la última tregua y rompía completamente cualquier posibilidad de credibilidad en futuras negociaciones.  Pero no sólo eso: también marcaba el distanciamiento de la izquierda abertzale con la banda como reconoció Otegi en su alegato en la Audiencia Nacional el pasado 7 de julio.

Tras la ruptura de la tregua, en 2007 Arnaldo Otegi abrió un proceso de reflexión, con numerosas consultas con los partidos nacionalistas, e ideó un proyecto de polo soberanista: una coalición de partidos independentistas que lucharían mediante medios pacíficos y políticos.  Respaldado por Rufi Etxeberría y Rafael Díez Usabiaga, en noviembre la izquierda abertzale presenta en Alsasua y Venecia el documento Zutik Euskal Herria, que recoge su apuesta exclusiva por vías políticas y pacíficas.  Lo llevan a debate y en febrero de 2010 se aprueba por un voto mayoritario de las bases (80% a favor).

A partir de ahí, los abertzales inician una administración de los tiempos para convencer a ETA  de que cese la violencia.  Lo hacen a través de toda una elaborada escenificación en la que participan varios premios nobel capitaneados por el abogado sudafricano Brian Currin, mediador en los conflictos irlandés y surafricano.
En febrero de 2011 la izquierda abertzale sorprende con la presentación de los estatutos de un nuevo partido, Sortu, en los que rechaza expresamente la violencia de ETA  y plantea el reconocimiento de todas las víctimas del terrorismo.

En mayo recupera su presencia institucional a través de la coalición Bildu, que obtiene el mejor resultado histórico para la izquierda abertzale, el 25% de los votos.
A partir de este momento la izquierda abertzale se impone a ETA.  Decide montar la escenografía necesria para brindar a ETA la ocasión propicia de anunciar el cese definitivo de las armas: así que se recurre al movimiento social Lokarri y al Grupo Internacional de Contacto de Currin, para que organicen una Conferencia Internacional de San Sebastián del 17 de octubre cuya declaración la izquierda abertzale hace suya al día siguiente, sirviendo de esta manera en bandeja que ETA anuncie el cese definitivo.

Un final que, sin embargo, no todos contemplan de la misma manera.  Para el gobierno y otras fuerzas vascas es un triunfo de la democracia que no ha tenido que hacer concesiones. Para medios cercanos al PP (si bien Rajoy en este caso ha sido muy comedido), es un paso insuficiente ya que ETA ni anuncia la disolución (escenificada en la entrega de armas), ni pide perdón a las víctimas.  A este respecto periódicos como ABC o La Razón consideran inaceptable ciertos postulados del comunicado de ETA, que parece que abren la posibilidad de una negociación política, si bien muchos otros creen que es una simple fórmula para ocultar la derrota y abrir paso al acercamiento de presos, única medida que parece estar sobre la mesa hoy por hoy como contraprestación por el alto el fuego.

Por otro lado, como afirma Paul Ríos, coordinador de Lokarri, no resulta realista esperar que una banda armada reconozca abiertamente la inutilidad de cuarenta años de terrorismo y menos aun que pida perdón.  Es comprensible además que dicho perdón no sea posible o cuanto menos que sea competencia exclusiva de las víctimas el decidir si perdonan o no, y bajo que condiciones.

Muy criticada ha sido también la Conferencia de San Sebastián cuya declaración un cuanto tibia y con un lenguaje cercano al de la izquierda abertzale habla de “conflicto” “última confrontación armada de Europa” y hace una apelación a un posible diálogo para superar dicho conflicto, lo que ha encendido a los medios más conservadores, además de no contar con la presencia del partido que gobierna en País Vasco en estos momentos.  Sin embargo, la presencia de mediadores internacionales y de toda la puesta en escena parece que era necesaria para darle a ETA la ocasión de dejar las armas de una manera que justificarse ante su propia gente la decisión.  A este respecto la opinión mayoritaria es que a pesar del escepticismo y de que no gusta mucho del lenguaje y la parafernalia empleada, dicha Conferencia ha facilitado un objetivo que todos podemos suscribir: el fin de la violencia.

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