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La derrota más dulce

Nunca una derrota supo tan dulce. A tres escaños del partido popular, los 47 del PSOE le brindan la oportunidad de gobernar con el apoyo de IU y sus 12 asientos.  Ninguna encuesta adelantaba este resultado que arroja interesantes interrogantes de futuro, al convertir a Andalucía, a la espera de que la coalición entre socialistas e IU se concrete, en un referente a la oposición al gobierno central del PP.

Las encuestas se equivocaron y la marea azul del PP se detuvo en Despeñaperros.  Con una participación preocupantemente baja (más de diez puntos por debajo que hace cuatro años), los andaluces dieron al PP un apoyo insuficiente para gobernar.  Con 50 escaños, se quedan lejos del umbral de los 55 que les hubiera dado la mayoría absoluta, imprescindible para gobernar ante la más que probable coalición de izquierda que formaran el PSOE e IU, que duplica con 12 su anterior registro y tendrá un gran protagonismo como pieza clave de gobierno.

Pero esta victoria insuficiente del PP lleva además aparejada una serie de consecuencias que superan el ámbito regional de Andalucía.  Así, esta victoria da un balón de oxigeno al PSOE del recién elegido Rubalcaba, que además de frenar la debacle socialista, mantiene una plaza fuerte y simbólica para los socialistas. El futuro del PSOE se juega en Andalucía, comunidad que se convierte en la alternativa de izquierdas al programa de ajustes y reformas patrocinado por Bruselas que deberá llevar a cabo Rajoy esta legislatura. Es también una ocasión de oro para IU, en franco crecimiento debido al trasvase de voto socialista.  Ahora tendrá la oportunidad de vender caro su apoyo, orientando políticas de gobierno, bajo la atenta mirada de sus votantes actuales y potenciales.

Por parte del PP, los resultados dejan en una delicada situación a Javier Arenas, quien en su cuarto intento y a pesar de ganar por primera vez en Andalucía, no va a poder gobernar la Junta. Y es más que probable que una parte de la oposición vaya a utilizar los resultados como si de un referéndum negativo a la política de Rajoy se tratase, con el agravante de la huelga general a pocos días vista, y unos Presupuestos Generales que prometen dar que hablar.

Es el tiempo de los analistas del día después.  En los próximos días oiremos todo tipo de explicaciones de porque las encuestas se equivocaron tanto.  Dirán que tal vez fue la reforma laboral, o bien los esperados recortes, los que han pasado factura en Andalucía.  Otros hablarán de la abstención de unos votantes que se confiaron ante la victoria, o de la movilización de la izquierda en una región donde el sector público es especialmente importante.  Sea como sea, los andaluces han votado lo que han querido, no lo que decían las encuestas y dejan por tanto una importante lección a quien la quiera ver para no confundir en lo sucesivo opinión pública con opinión publicada ni esta con la decisión final de los electores.

Una victoria anunciada

Las encuestas venían avisando desde hace meses que la distancia entre el PP de Rajoy y el PSOE de Rubalcaba era insalvable.  Con el mejor resultado de su historia para el PP y el peor para PSOE, se abre un nuevo periodo en el que los ciudadanos han entregado un gran poder y con ello, una gran responsabilidad al lider popular.  Tendrá que enfrentarla con un estrecho margen de maniobra en el exterior y un enorme en el interior. En frente, un PSOE devastado y un congreso fragmentado con más grupos parlamentarios que nunca desde la transición.

Hablar de éxito o de fracaso es, en este caso, la distancia que separa las calles Ferraz de Génova. ¿Éxito del PP, o derrota del PSOE? Seguramente ambas cosas.  Pero sin quitar mérito a la contundente victoria del PP, no hay que subestimar en el resultado el voto del castigo debido al tremendo desgaste al que se ha visto sometido el ejecutivo socialista en especial en el último año y medio, en el que las durísimas políticas de ajustes y la escandalosa cifra de cinco millones de parados han sepultado cualquier posibilidad de que Alfredo Pérez Rubalcaba pudiera no ya acercarse al PP, sino impedir una mayoría absoluta que estaba cantada desde hace tiempo.

El PP ha aumentado en 32 sus diputados con respecto a 2008, pero su gran victoria no es sólo el haber conseguido aumentar el número mágico de 183 escaños del 2000, sino la tremenda caida del PSOE que pierde la friolera de 59 escaños, o dicho de otro modo: 4.315.455 votos menos que en 2008.

El PSOE ha perdido votos en todas las direcciones: la abstención ha subido dos puntos; Izquierda Unida ha contado con unos 710.864 votos más que en 2008, pasando de 2 a 11 en diputados, y el partido de Rosa Díez, UPyD, pasa de 1 a 5 diputados, con otros 834.163 votos más que en la anterior legislatura.

Algunos datos interesantes en esta primera hora del nuevo mapa político son los siguientes:

  • Fragmentación del Congreso: al menos seis grupos parlamentarios propios (UPyD no lo consigue por muy poco), al que hay que sumar un grupo mixto formado por otras siete formaciones, lo que supone la cámara baja más plural de la historia de la democracia.
  • Amaiur gana las elecciones en País Vasco y CiU en Cataluña. En el caso de la coalición abertzale, la posibilidad de que ganen las elecciones vascas de 2013 en medio de las gestiones del fin del terrorismo, será un asunto complicado para el futuro gobierno de Rajoy.  En el caso de CiU, es la primera vez que el partido nacionalista gana en Cataluña en unas generales, lo cual consigue en medio de una polémica política de recortes.  Es, además, un varapalo para Carme Chacón ante su posibles intenciones sucesorias al frente del PSOE.
  • Vuelta de tuerca en Andalucía. El PP gana por primera vez en unas generales en el tradicional feudo socialista, pasando de 25 a 33 diputados, justo al contrario que el PSOE, que retrocede de 36 a 25. Algo a tener muy en cuenta con unas elecciones andaluzas a la vuelta de la esquina, que tendrán lugar en marzo del año que viene.

Rajoy quiso dejar claro que está decidido a gobernar para todos los españoles y a dirigir un cambio “sin milagros“.  Quiso evitar la euforia, poniéndose a trabajar para que el traspaso de poderes se realice cuanto antes en medio de una situación que, ante la presión de los mercados, es más que complicada. Según establece en el Real Decreto de Convocatoria de elecciones aprobado en septiembre, las nuevas Cortes Generales se constituirán el 13 de diciembre, y el primer Consejo de Ministros del nuevo Ejecutivo podría celebrarse el día 23 del mismo mes.

Gran poder pero estrecho margen

En lo que resulta toda una paradoja, Rajoy y el PP contarán con más poder del que dispusiera ningún partido desde el PSOE de González de 1982, al disponer no solo de una gran mayoría parlamentaria, sino también autonómica y provincial. Pero esta gran  fuerza interna contrasta con la más que delicada coyuntura económica, marcada por la crisis de la deuda y la debilidad de la economía española, asomándose a otra recesión y teniendo que cumplir con los requisitos de déficit pactados con la Unión Europea (UE) -un 6 % este año, un 4,4 % en 2012 y un 3 % en 2013- que no le dejarán mucho margen de maniobra.

La “inmolación” de Rubalcaba

Tras la derrota, Rubalcaba no pudo más que agradecer a sus votantes la confianza y anunciar un futuro congreso extraordinario del PSOE para decidir el futuro del partido.  Algo que el secretario general Rodríguez Zapatero ha confirmado hoy para febrero del año próximo.  También quiso culpar de la severa derrota a la crisis.

Muchas dudas quedan ahora sobre el futuro de un PSOE devastado y sin un liderazgo claro con el que ejercer la oposición al todo poderoso PP surgido de este 20N.  Además de la previsible y larga travesía del desierto, el partido tiene ahora una crisis de liderazgo sin que ni Rubalcaba ni Chacón hayan salido muy bien parados en los últimos meses.  Con respecto al hasta ayer candidato socialista, surgen dudas de qué razones le llevaron a enfrentarse a la que más que probable y dura derrota socialista en las generales. ¿Fue el deseo de ofrecer un último servicio a su partido, sacrificándose para que el posible nuevo candidato saliera sin la losa de la derrota de ayer?, ¿O tal vez un convencimiento real de que podía evitar la mayoría absoluta del PP? Esta pregunta se agudiza ante el apresurado anuncio del congreso del PSOE en febrero. Como afirma José Antonio Sorolla en su artículo, el resultado final es que “los socialistas están ahora mismo sin poder, sin estrategia, sin programa y sin candidatos.