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Las tres guerras de Irán

En los últimos días Irán amenaza con cerrar el estrecho de Ormuz, por donde pasa una cuarta parte de las importaciones mundiales de petróleo. Es la respuesta del régimen de los ayatolás a las nuevas sanciones de Estados Unidos y la UE, y se enmarca en un contexto de máxima tensión donde se juegan tres partidas simultáneas y solapadas: la diplomática, la económica, y la más oscura de los servicios secretos.

Las cosas se complican en Teherán.  La república islámica afronta nuevas sanciones como resultado de sus planes de seguir con su programa nuclear.  No parecen importar las promesas del régimen de que dicho programa sólo persigue fines pacíficos, ni los datos de servicios secretos que aseguran que todavía queda tiempo para que Irán cuente con su propia bomba nuclear.  Estados Unidos primero y la Unión Europea después, van consiguiendo sumar a más países al bloqueo económico. Algunos, sin embargo, se preguntan si el endurecimiento de las sanciones es la mejor solución para lidiar con el régimen iranio.

Según informa New York Times, la administración Obama habría mantenido contactos con el líder supremo Alí Jamenei, con el fín de dejarle claro que un bloqueo del estrecho de Ormuz – punto estratégico que conecta el Golfo de Persia con el Golfo de Omán, y por donde pasa el 40% de la producción petrolera mundial – supondría una “línea roja” que no están dispuestos a tolerar.  Hay que decir que dicho estrecho mide entre 60 y 100 kilómetros de anchura, por lo que es extremadamente fácil de cerrar, si bien no está claro si dicho bloqueo podría interesar al régimen iraní, que paradójicamente podría ser uno de los principales afectados del mismo.

fuenteGlobedia

Lo que en cualquier caso parece claro es que nos encontramos ante un episodio más de un conflicto; la guerra entre Irán y el resto del mundo, con Estados Unidos y la UE a la cabeza, que se juega en tres terrenos de juego:

La guerra diplomática

El Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado entre 2006 y 2010 seis resoluciones sobre Irán, de las cuales cuatro promulgaban sanciones en virtud del capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, relativo a “casos de amenaza de la paz, ruptura de la paz y actos de agresión”.  Teherán se negó a suspender sus actividades de enriquecimiento de uranio, con lo que las sanciones fueron creciendo de una resolución a otra.  En la última, la del 9 de junio de 2010 (1929) contó con la oposición de Turquía y Brasil, que votaron en contra por estar a favor de una vía que intensificase el diálogo con Teherán, sobre la base de permitir ciertas contrapartidas como la compra de combustible para un pequeño reactor de investigación.  Sin embargo, la resolución salió adelante e incluso consiguió el apoyo de China y Rusia, tradicionalmente reacios a sancionar a Irán. 

En el terreno regional y en el marco de su lucha por la supremacía en Próximo Oriente, no hay que olvidar que la mal llamada primavera árabe y sus efectos inciertos sobre el régimen sirio de Al Assad, podrían dejar sin uno de sus principales aliados a Irán, en un momento clave en su pulso con Occidente, y de creciente desprestigio ante su población, tras el fraude electoral de 2009.

En Estados Unidos, Obama, embarcado en plena precampaña electoral, es acusado por unos de “blando” y por otros de haber cerrado la vía negociadora demasiado pronto, dejando en un “todo o nada” las posibilidades de resolución pacífica del conflicto con Irán, en palabras de Trita Parsi recogidas por The Economist. También hay quienes consideran que no se ha hecho lo suficiente para contactar con el movimiento verde en oposición a Ahmadineyad. Para ser justos, habría que reconocer que, a diferencia de lo ocurrido en Egipto con la revuelta contra Mubarak, Estados Unidos apenas posee influencia sobre el terreno en Irán, donde el sentimiento antiamericano es muy fuerte y un apoyo suyo declarado podría debilitar a la oposición en vez de ayudarla.

 La guerra económica

Las sanciones internacionales contra Irán se focalizan en sectores clave como defensa (embargo de compras iraníes de armamento, restricciones de viajar a personalidades iraníes relacionadas con el programa nuclear), financiero (congelación de fondos a entidades y personalidades, prohibición de inversiones) y del petróleo (trabas a las importaciones y exportaciones).

Desde finales de 2011, Estados Unidos viene promoviendo una campaña cuyo objetivo claro es neutralizar el peso de Irán como exportador de petróleo, además de prepararse para un eventual cese del suministro iraní. 

La UE por su parte, está adoptando estos días un acuerdo para prohibir la mayoría de transacciones con el Banco Central de Irán. Además, los 27 han decidido pactar un embargo sin precedentes sobre las exportaciones de petróeo iraní a Europa.  Se trataría de un duro golpe, ya que Europa es el principal cliente de Irán.  Dicho embargo, de concretarse, entraría en vigor el 1 de julio.

La pretensión de estas sanciones era, y sigue siendo, desestabilizar al régimen iraní obligándole ante la precaria situación económica producida por las sanciones, a rectificar para mantener el favor de su pueblo, especialmente descontento desde 2009 por el fraude electoral en la reelección de Ahmadineyad.   Sin embargo, también es posible que esto no suceda y que la población reaccione ante las duras sanciones estadounidenses posicionándose incondicionalmente al lado de los suyos, al considerarlos víctimas de un injusto boicot internacional.

La guerra secreta

El asesinato de un científico nuclear en Irán, el quinto desde 2007, es un episodio más de una guerra subrepticia por retrasar  las posibilidades de que el régimen iraní desarrolle finalmente “la bomba”.  Dentro de estos ataques se incluiría el virus informático stuxnet, y numerosas y no aclaradas explosiones en bases militares, una de las cuales acabó con la vida del oficial responsable del desarrollo balístico iraní.

Como afirma el Telegraph, no parece que estos sucesos sean casuales, sino que la sofisticación de los mismos recuerdan el sello de los servicios de espionaje de Occidente.  Como ejemplo, el caso de Ahmadi-Roshan, en el que una pequeña bomba magnética colocada por un ciclista en su coche, diseñada para matar a sus ocupantes causando el mínimo daño alrededor, recuerda a un sistema ya utilizado por los servicios de inteligencia aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Además, resulta interesante la hipótesis que sostienen algunos analistas como Javier Valenzuela de que el ala más radical de Israel desearía implicar a Estados Unidos en un ataque contra Irán. En línea con esta tesis, tenemos una noticia recogida en Foreign Policy de que miembros del Mossad se hicieron pasar por agentes de la CIA con el fin de recultar a nuevos agentes en operaciones contra la República Islámica. En el mundo del espionaje, el utilizar una falsa nacionalidad se conoce como “falsa bandera”, táctica en la que el Mossad es especialista.

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