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La crisis de Público

Mediapubli, editora de Público y de Público.es, ha solicitado a principios de mes la declaración de concurso voluntario de acreedores.  Dicha solicitud, que afecta también a la filial de Mediapubli propietaria de La Voz de Asturias, pretende “salvar de la mejor forma posible los intereses de todas las partes afectadas”.

¿Qué es un concurso de acreedores?

Es un procedimiento previsto en la Ley Concursal por medio del cual las empresas pueden congelar el pago de los créditos cuando están a punto de ser insolventes; es decir, que no pueden pagar sus deudas.  Un equipo externo gestiona entonces los pagos y la venta ordenada de activos, desde los más prioritarios a los menos, decidiendo también si la empresa podrá salir a flote en el futuro o no.

No supone la desaparición de la empresa, aunque suele ser el último recurso antes de la quiebra.  Permite a los propietarios seguir llevando las riendas de la compañía, pero sus decisiones pueden ser vetadas por el juez o por los administradores concursales.

Una vez aceptada por el juez la petición de concurso de acreedores, los administradores concursales tienen dos meses para evaluar la situación de la empresa, aunque el plazo puede ampliarse otro mes
Más información aquí.

¿Por qué se ha visto Público forzado a tomar esta decisión?

La empresa ha explicado que la intensificación de la crisis publicitaria, la profunda transformación que está sufriendo el sector de la prensa escrita y las dificultades para acceder a nueva financiación, ‘han obligado a Mediapubli a acogerse al concurso de acreedores para salvaguardar de la mejor forma posible los intereses de todas las partes afectadas”.

Podría ser ésta la última tabla de salvación antes de decretar su cierre oficial, una decisión que ya se barajó de acuerdo a las perspectivas publicitarias de este año -aunque finalmente se optó por el concurso de acreedores- pero que para nada se ha descartado si siguen empeorando los ingresos durante 2012. Para el próximo año las perspectivas de caída publicitaria van de entre el 3% y 9%, que se suman a un sector, la prensa, que ha reducido sus ingresos por publicidad a la mitad en cinco años, como informa prnoticias.

Un sector en crisis

La noticia golpea de nuevo el mundo de la prensa, a las pocas semanas de la noticia del cierre del diario gratuito ADN

Fuentes cercanas al diario Público parecen indicar que su problema  no es tanto la cuantía total de la deuda, sino la liquidez para hacer frente al pago de sus proveedores más inmediatos, incluídos sus empleados.

Y no es que le vaya mal a Público, de hecho, los últimos datos de la OJD indican que Público registró en noviembre una difusión media diaria de 82.691 ejemplares y una venta al número de 40.561 números. En la tercera oleada del EGM el diario además consiguió superar a La Razón en número de lectores hasta los 299.000 seguidores de media diaria.

Sin embargo, la escasa perspectiva de mejora en los ingresos de publicidad perdidos,así como la poca predisposición de los bancos a prestar dinero en plena crisis económica, se suman a la mala situación general del sector de la prensa en papel, representada por la caída generalizada de ingresos durante el último trimestre del año cercanos al 20% de media en todos los rotativos.

Público ha presentado su concurso dos semanas después de la llegada del PP a Moncloa, en lo que algunos han querido ver como un signo de los nuevos tiempos políticos, al ser considerado este uno los diarios más fieles al gobierno saliente.  A este respecto y minutos después de conocerse la presentación del concurso de acreedores, el actual director de Público, Jesús Maraña, publicaba en la edición digital del diario una carta en la explicaba que dicha decisión no está vinculada con el cambio de Gobierno, al contrario, ya que según afirma: “desde el punto de vista periodístico, el panorama que se abre para una cabecera como ésta gana aún más interés”.

Al hilo de esto también destacaba la falta de pluralidad en el mapa mediático de la prensa escrita.  En este sentido estoy de acuerdo con la opinión de José Sanclemente cuando afirma en su blog que “la llamada pluralidad informativa cuesta mucho dinero. Tanto, que en el caso de la prensa diaria, ajena a las fusiones entre cabeceras a diferencia de sus colegas audiovisuales, tiene que bregar en solitario contra los tiempos tecnológicos, las redes sociales, el recorte publicitario y hasta contra si mismos en un modelo informativo empresarial que se extingue sin encontrar un recambio rentable en la red”. Aquí ha habido una imprevisión estratégica, ya que las cabeceras ofrecen lo mismo o mas por Internet que pagando por el ejemplar en papel.

Una apuesta renovadora

Desde su aparición el 26 de septiembre de 2007, Público se distinguió de la competencia en determinados aspectos, como la ausencia de editoriales, su uso intensivo del color, y los grandes titulares y tipos en unas portadas a menudo acusadas de ser excesivamente efectistas.

Merece destacarse la apuesta decidida que siempre han hecho por las secciones de cultura y de ciencia, digna de encomio.  Así como la decisión de no incluir anuncios de prostitución.  También se negaron en rotundo a tener secciones dedicadas a horóscopos, astrología o a los toros. (también de boxeo, en lo que coincide con El País).

Personalmente, no siempre me agrada ciertos tratamientos de las noticias que en algunos casos he visto demasiado cercanos al sectarismo, pero me gusta el estilo explicativo de los temas y su agenda de asuntos a tratar, que suele ser más amplia que la de otros medios.

Es, en cualquier caso, un periódico innovador y que ha aportado un necesario toque de diversidad a un mundo, el de la prensa escrita, abundante en cabeceras pero con poca diversidad en cuanto al tratamiento y diversidad de los temas.  Y desde luego, creo firmemente que la pérdida de cualquier periódico, sea de la tendencia que sea, es una pérdida para todos.

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Adios a las armas

Tras 43 años y 829 víctimas mortales, ETA comunicó el pasado día 20 “el cese definitivo de la actividad armada”.  La palabra “fin” figura con mayúsculas en la voz de casi todos los medios y políticos, aunque con matices, para referirse al triunfo del estado de derecho sobre el terrorismo.

“No son vascos, son asesinos” este era, entre otros, el grito de miles de personas en las calles aquel 12 de julio de 1997, después de que ETA asesinara tras cuarenta y ocho angustiosas horas de secuestro a Miguel Ángel Blanco.  Para muchos, aquí comenzó el principio del fin de ETA con la unión de las fuerzas democráticas, pero sobre todo, por las multitudinarias manifestaciones que, a cara descubierta, enfrentaban a la ciudadanía contra el terror de ETA.

14 años después, ETA hace pública la decisión de dejar las armas, ante una sociedad en plena crisis que recibe la noticia con alegría, pero también con cansancio y excepticismo.

¿Cómo hemos llegado aquí? La decadencia de la banda se produjo principalmente gracias a la acción policial y a la ilegalización del brazo político Batasuna.  De la eficacia policial podemos citar entre otros datos los 305 detenidos entre 2008 y 2010, y el continuo “descabezamiento” de la banda, que la colocó en una situación insostenible.

En cuanto a la ilegalización, refrendada primero por el Tribunal Constitucional y más tarde por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, tuvo lugar en 2003, un año después de que un comunicado de ETA considerase “objetivos militares” a todas las sedes y actos políticos de PSOE y PP, haciendo imposible la competencia electoral en pie de igualdad con un partido, Batasuna, cuyos concejales eran los únicos libres de amenaza.

Para que ETA dejara de matar debía ocurrir otro proceso: que su brazo político se distanciara del terrorismo, al comprobar la inutilidad de la vía armada para conseguir sus objetivos.

El detonante tendría lugar en 2006, con el atentado en la T4 de Barajas. Con él, ETA ponía fin a la última tregua y rompía completamente cualquier posibilidad de credibilidad en futuras negociaciones.  Pero no sólo eso: también marcaba el distanciamiento de la izquierda abertzale con la banda como reconoció Otegi en su alegato en la Audiencia Nacional el pasado 7 de julio.

Tras la ruptura de la tregua, en 2007 Arnaldo Otegi abrió un proceso de reflexión, con numerosas consultas con los partidos nacionalistas, e ideó un proyecto de polo soberanista: una coalición de partidos independentistas que lucharían mediante medios pacíficos y políticos.  Respaldado por Rufi Etxeberría y Rafael Díez Usabiaga, en noviembre la izquierda abertzale presenta en Alsasua y Venecia el documento Zutik Euskal Herria, que recoge su apuesta exclusiva por vías políticas y pacíficas.  Lo llevan a debate y en febrero de 2010 se aprueba por un voto mayoritario de las bases (80% a favor).

A partir de ahí, los abertzales inician una administración de los tiempos para convencer a ETA  de que cese la violencia.  Lo hacen a través de toda una elaborada escenificación en la que participan varios premios nobel capitaneados por el abogado sudafricano Brian Currin, mediador en los conflictos irlandés y surafricano.
En febrero de 2011 la izquierda abertzale sorprende con la presentación de los estatutos de un nuevo partido, Sortu, en los que rechaza expresamente la violencia de ETA  y plantea el reconocimiento de todas las víctimas del terrorismo.

En mayo recupera su presencia institucional a través de la coalición Bildu, que obtiene el mejor resultado histórico para la izquierda abertzale, el 25% de los votos.
A partir de este momento la izquierda abertzale se impone a ETA.  Decide montar la escenografía necesria para brindar a ETA la ocasión propicia de anunciar el cese definitivo de las armas: así que se recurre al movimiento social Lokarri y al Grupo Internacional de Contacto de Currin, para que organicen una Conferencia Internacional de San Sebastián del 17 de octubre cuya declaración la izquierda abertzale hace suya al día siguiente, sirviendo de esta manera en bandeja que ETA anuncie el cese definitivo.

Un final que, sin embargo, no todos contemplan de la misma manera.  Para el gobierno y otras fuerzas vascas es un triunfo de la democracia que no ha tenido que hacer concesiones. Para medios cercanos al PP (si bien Rajoy en este caso ha sido muy comedido), es un paso insuficiente ya que ETA ni anuncia la disolución (escenificada en la entrega de armas), ni pide perdón a las víctimas.  A este respecto periódicos como ABC o La Razón consideran inaceptable ciertos postulados del comunicado de ETA, que parece que abren la posibilidad de una negociación política, si bien muchos otros creen que es una simple fórmula para ocultar la derrota y abrir paso al acercamiento de presos, única medida que parece estar sobre la mesa hoy por hoy como contraprestación por el alto el fuego.

Por otro lado, como afirma Paul Ríos, coordinador de Lokarri, no resulta realista esperar que una banda armada reconozca abiertamente la inutilidad de cuarenta años de terrorismo y menos aun que pida perdón.  Es comprensible además que dicho perdón no sea posible o cuanto menos que sea competencia exclusiva de las víctimas el decidir si perdonan o no, y bajo que condiciones.

Muy criticada ha sido también la Conferencia de San Sebastián cuya declaración un cuanto tibia y con un lenguaje cercano al de la izquierda abertzale habla de “conflicto” “última confrontación armada de Europa” y hace una apelación a un posible diálogo para superar dicho conflicto, lo que ha encendido a los medios más conservadores, además de no contar con la presencia del partido que gobierna en País Vasco en estos momentos.  Sin embargo, la presencia de mediadores internacionales y de toda la puesta en escena parece que era necesaria para darle a ETA la ocasión de dejar las armas de una manera que justificarse ante su propia gente la decisión.  A este respecto la opinión mayoritaria es que a pesar del escepticismo y de que no gusta mucho del lenguaje y la parafernalia empleada, dicha Conferencia ha facilitado un objetivo que todos podemos suscribir: el fin de la violencia.

Bienvenida

Para empezar este blog me puse un reto: aprender. Aprender para explicar, y explicar para aprender.  La idea era (y es) simple: escoger un acontecimiento y explicarlo de una manera que quien lea el artículo pueda hacerse una idea general de los principales aspectos implicados en el mismo.

Como estudiante en último curso de periodismo creo en un tipo de periodismo en el que la opinión y la información se encuentren más separadas de lo que a menudo nos encontramos en los grandes medios. Estos años me han llevado a ser muy crítico con mi futura profesión, a no pensar tanto en lo que quiero ser como en lo que no quiero ser.

Creo que la respuesta a las 6 w´s (quién, que, dónde, cómo, cuándo, por qué), o aquella máxima del periodismo anglosajón de que “las opiniones son libres, los hechos sagrados” son algo más que apuntes de primer año de facultad.  Casos de tenacidad profesional como los que destaparon el caso Watergate, que acabó con la dimisión de Nixon, constituyen para mí un ejemplo del periodismo en el que creo, un periodismo fuerte, independiente, incómodo para el poder y al servicio de la ciudadanía.

Desde aquí , y en la medida de mis limitaciones, me gustaría que este pequeño espacio tuviera algo del periodismo que amo, y si lo consigo y encima a alguien más le resulta de utilidad, habré conseguido mi objetivo con creces.