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Tomàs Delclós, nuevo Defensor del Lector de El País

El comité de redacción de El País ha elegido a Tomás Delclós como nuevo Defensor del Lector, Javier Moreno, director del diario, hizo oficial ayer su nombramiento, después de que Milagros Pérez Oliva se despidiera el domingo pasado en su columna. El nuevo Defensor se incorporó a El País en 1982 y en el 1988 fue nombrado redactor jefe de la redacción de Cataluña y más tarde subdirector de información de Cataluña. Desde 1999 se encargaba además de la edición de El País Digital y de Ciberpaís. Es licenciado en Derecho y Ciencias de la Información.

El Defensor del Lector, o de las audiencias, es una figura de autorregulación ética que se han dado algunos medios de comunicación para promover el ejercicio de un periodismo responsable y profesional. El cargo, comparable dentro del periodismo con el del ombudsman o “Defensor del Pueblo” pretende ser un intermediario entre las quejas de los lectores y el medio en el que ejerce su función. Es por tanto, una persona contratada específicamente para representar los intereses del público ante un medio y gestionar sus quejas particulares por coberturas y tratamientos periodísticos determinados. El defensor del lector puede ser un miembro activo de la redacción o una personalidad externa del periódico o revista, en cualquier caso con un elevado perfil de credibilidad y autoridad moral. Ateniéndonos a la definición que presenta en su página web la ONO (Organization of News Ombudsmen), sus funciones serían básicamente:  “recibir e investigar quejas de los lectores de periódicos o los oyentes o espectadores de la radio y televisión acerca de la precisión, el gusto, equidad, el equilibrio y la buena cobertura de noticias”. En la página web del País, se afirma que “la figura del Defensor del Lector fue creada por la Dirección de El País para garantizar los derechos de los lectores, atender a sus dudas, quejas y sugerencias sobre los contenidos del periódico, así como para vigilar que el tratamiento de las informaciones es acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo. Puede intervenir a instancia de cualquier lector o por iniciativa propia.”

La figura del Defensor del Lector aparece por primera vez en Japón en 1922 en el diario Asahi Shimbun, lo imita el diario Yomiuri Shimbun en 1938, y buena parte de los medios japoneses después de la Segunda Guerra Mundial.  En Estados Unidos aparece la figura del news ombudsman en 1967, en el periódico Louisville Courier-Journal.  En Europa, el Consejo de Prensa en Suecia creo en 1969 la figura del ombudsman para supervisar a toda la prensa de ese país. Desde entonces, variantes de esa figura se han extendido por todo el mundo.  En nuestro país, fue el diario El País el primero en incorporarla en 1985. Actualmente son siete los ombudsman españoles: Patricio Gutiérrez del Álamo, Defensor del oyente y telespectador de RTVA, Pep Colleldemont i Oliva, del periódico catalán El Punt, Elena Sánchez Caballero, Defensora del espectador, del oyente y del usuario de medios interactivos de RTVE, Carlos Pérez, Defensor de la audiencia de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), Josep Rovirosa, Defensor del Lector de La Vanguardia, Eva Peruga, Defensora de Igualdad de El Periódico y el Defensor del Lector de El País. El abril del año pasado se reunieron por primera vez en el I Encuentro de Defensores del Lector, Espectador e Igualdad de los medios de comunicación españoles, organizado en Barcelona por El Periódico.

“Los médicos entierran sus errores; los periodistas los publicamos” así comienza un artículo que recomiendo fervientemente, donde Juan Carlos Núñez Bustillos traza un agudo retrato del Defensor del Lector “el papel del defensor no es el de un policía que persigue a los “infractores del oficio”, ni un juez que condena o absuelve, ni el de un profesor regañón que exhibe a quien se equivoca. Su trabajo es más bien el de un mediador y el de un facilitador del diálogo” Aunque su tarea es señalar errores y decir con claridad si el periódico falló o no y por qué, su espíritu es el de “aportar una reflexión permanente sobre la manera en que se ejerce el periodismo en ese medio y sobre las formas en que se puede hacer mejor” ya que cuando los periodistas o los medios reconocen sus errores, anteponiendo la verdad a su propio ego o prestigio profesional aquello acaba redundando en una mayor credibilidad y por ende en un mayor prestigio del medio y del periodista.  Como continúa Juan Carlos “los problemas más interesantes y complejos son aquellos que están en la frontera. Se presentan cuando no existe una sola respuesta posible al tema que se plantea porque se trata de asuntos que se juegan en el difuso límite entre lo correcto y lo incorrecto (…) ¿Vale la pena publicar una fotografía sangrienta que al mismo tiempo posee un claro valor informativo? ¿La libertad de un columnista para expresar sus opiniones es absoluta? ¿Cómo tratar el caso de una víctima para no volverla doble víctima? ¿Hay casos que justifiquen la publicación de un insulto?”

El estatuto del ombudsman así como el libro de estilo son las herramientas básicas del defensor para ejercer su trabajo con independencia y eficacia. A esto hay que añadirle la consulta con expertos o personas especializadas en el tema en los que se centran las consultas de los lectores. De acuerdo con la profesora Marialuz Vicondoa Álvarez, se podría decir que la estructura habitual de la columna sería la siguiente: queja del lector, respuesta del autor, puntos del libro de estilo que hagan referencia a la queja, opinión del experto, para concluir siempre con la exposición clara de la propia opinión del defensor.

Milagros Pérez Oliva, que comenzó en el cargo en febrero de 2009, ocupandolo durante tres de los cuatro años máximos permitidos por el Estatuto del País, nos ha dejado algunas columnas memorables, con interesantes observaciones sobre dilemas clásicos de la ética periodística como el uso de las fuentes anónimas  o el equilibrio entre imágenes sensacionalistas e informativas, u otros nuevos derivados del reto que supone Internet y la Web 2.0. como el bajo nivel que a veces reportan los comentarios llenos de descalificaciones, o las misteriosas “resurrecciones” de noticias y viejos artículos. Tampoco nos olvidamos de su ejemplar crítica al artículo “Chacón y compañía” publicado en el dominical en los días previos a la elección del Secretario General del PSOE y que causó polémica por su presunto partidismo.

No me resisto a rescatar aquí algunos extractos de su despedida en la que hace una defensa apasionada de la búsqueda de la independencia y de la verdad en el periodismo, ya que como afirma: “la verdad no es un compromiso entre sus diferentes versiones”,

 (…) Una visión cínica del periodismo sostiene que la verdad no existe. Que puede haber tantas verdades como interpretaciones de la realidad. Este planteamiento es una gran trampa. Creo que los periodistas hemos sido negligentes al descuidar la defensa de la verdad. Porque la verdad, en periodismo, existe. Al menos existe la verdad de los hechos, la verdad factual. Aquello que es cierto y es comprobable (…)

Defensa que desde aquí suscribo completamente.Y finalmente, y antes de terminar me gustaría lanzar una pregunta al aire ¿Cómo será la labor de los futuros Defensores del Lector en los medios digitales?

“Enredados”: El año de las redes sociales

Una de las cosas que nos deja este convulso 2011 que termina, ha sido el protagonismo que han cobrado las redes sociales, capaces de cambiar el rumbo de los acontecimientos, ayudar a derrocar gobiernos (como Egipto o Túnez), llenar de indignados las plazas en toda España, o impedir un intento de intervención de la televisión pública. Y es que durante este año, nos hemos acordado de los postulados de las sociedad en red de Manuel Castells.

De lo que no cabe duda es que las redes sociales están cambiando el funcionamiento de los medios de comunicación de masas, avisando de lo que sucede fuera de los focos, marcando los asuntos de interés y convirtiendo a la audiencia en protagonista de la agenda de los medios y no al revés.  El último ejemplo lo vimos hace unos días, cuando una noticia de hace seis años se convirtió en la noticia más vista del día en la edición digital de El Pais, lo que suscitó un interesantísimo debate acerca de las implicaciones que este hecho puede tener sobre la información periodística y la tradicional configuración de la agenda de temas de actualidad (agenda-setting) atribuida a los medios.

El mundo de la publicidad y el marketing ha empezado desde hace un tiempo a reconocer el poderío de las redes para ensalzar o derribar la reputación de una empresa. Profesiones como la de Comnunity Manager comienzan a ser bien conocidas y demandadas, y los anunciantes se enfrentan, como en el caso de La Noria, al juicio de unos espectadores cada vez más reacios a permanecer pasivos.

Las redes se han rebelado además este año como una forma nueva, rápida y segura de organizar revoluciones que a la postre pueden acabar con autocracias firmemente asentadas.  El activismo es ahora “ciber”: “coaliciones de personas a través de las aplicaciones que existen en la web, para generar el suficiente debate y masa crítica para que trascienda la red y salga a la calle” como afirma Anna Garcia Sans en su artículo.  Más que un generador de las protestas, las redes han sido un poderosísimo altavoz que ha permitido a los ciudadanos ver su propia fuerza y unión: “por Twitter se ha retransmitido la revolución en directo minuto a minuto, por YouTube se han visto las imágenes que ninguna televisión conseguía captar o se atrevía a emitir” asegura Dolors Reig, asesora para la construcción de estrategias de presencia en Internet. 

Los políticos, no ajenos a este poder de la web 2.0., poder que en más de una ocasión han sufrido en sus propias carnes, han intentado sacar partido con fines tanto electorales como de imagen. El problema es que su poca comprensión del funcionamiento de estas herramientas, así como de su esencia compartida e igualitaria, ha hecho que muchas veces su paso por redes sociales haya sido el de un elefante en una cacharrería.

Pero frente a los apóstoles que aseguran las bondades infinitas de las redes, ocupan un papel también destacado los críticos o los escépticos que ven que el potencial de dichas redes puede ser también utilizado con fines interesados y mezquinos.  El componente líquido, horizontal y por qué no decirlo, abiertamente emocional de la red 2.0 permite la rápida conducción de embustes o de mentiras interesadas, si bien está en tela de juicio la idea de que precisamente su carácter público y universal de su uso permitiría la propia autorregulación de la misma.

También están aquellos, entre los cuales me cuento, que creen que por mucho que las redes hayan allanado el camino de la movilización y el consenso en tiempo real, dichas revoluciones no se vuelven poderosas y efectivas hasta que no “bajan” a la plaza física.

Con todo esto no quiero decir que las redes sociales no sean un elemento movilizador de primera magnitud, es sólo que creo que son fuertes en la medida en que existen otras “redes” offline organizadas que saben utilizarlas para sus fines.  Como afirma Christakis en su artículo: “el número de relaciones no es lo que importa en línea, sino su naturaleza y su calidad”.  Como la vida misma.

Bienvenida

Para empezar este blog me puse un reto: aprender. Aprender para explicar, y explicar para aprender.  La idea era (y es) simple: escoger un acontecimiento y explicarlo de una manera que quien lea el artículo pueda hacerse una idea general de los principales aspectos implicados en el mismo.

Como estudiante en último curso de periodismo creo en un tipo de periodismo en el que la opinión y la información se encuentren más separadas de lo que a menudo nos encontramos en los grandes medios. Estos años me han llevado a ser muy crítico con mi futura profesión, a no pensar tanto en lo que quiero ser como en lo que no quiero ser.

Creo que la respuesta a las 6 w´s (quién, que, dónde, cómo, cuándo, por qué), o aquella máxima del periodismo anglosajón de que “las opiniones son libres, los hechos sagrados” son algo más que apuntes de primer año de facultad.  Casos de tenacidad profesional como los que destaparon el caso Watergate, que acabó con la dimisión de Nixon, constituyen para mí un ejemplo del periodismo en el que creo, un periodismo fuerte, independiente, incómodo para el poder y al servicio de la ciudadanía.

Desde aquí , y en la medida de mis limitaciones, me gustaría que este pequeño espacio tuviera algo del periodismo que amo, y si lo consigo y encima a alguien más le resulta de utilidad, habré conseguido mi objetivo con creces.